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I.1 · El universo simbolizado en el caballo

Texto de la Upaniṣad y comentario de Śaṅkara

Texto de la Upaniṣad y comentario de Śaṅkara

Edición de Consuelo Martín · Trotta, 2002

Muestra de normalización

PRIMER LIBRO · MADHU-KĀṆḌA

PRIMER ADHYĀYA

PRIMER BRĀHMAṆA

EL UNIVERSO SIMBOLIZADO EN EL CABALLO

1. Aum1. La cabeza del caballo del sacrificio es el amanecer, su ojo es el sol, su energía vital es el aire, su boca abierta es el fuego llamado Vaiśvānara, y el cuerpo del caballo es el año. Su espalda es el paraíso, su tripa el cielo, su pezuña la tierra, sus lomos los cuatro puntos cardinales, sus costillas los puntos cardinales intermedios, sus miembros las estaciones, sus articulaciones los meses y quincenas, sus pies los días y noches, sus huesos las estrellas, y su carne las nubes. Su comida medio digerida es la arena, sus vasos sanguíneos los ríos, su hígado y bazo las montañas, sus pelos las hierbas y árboles. Su parte delantera es el sol ascendiente, su parte trasera el sol descendiente, su bostezo es el rayo, su sacudida del cuerpo es el trueno, su orina es la lluvia, y su relincho es la voz.

La cabeza del caballo del sacrificio, es decir, el que es apto para el sacrificio, es el amanecer, un período de aproximadamente tres cuartos de hora, justamente antes de la salida del sol. La partícula vai recuerda algo conocido, en este caso la hora del amanecer. La similitud es debida a la importancia de cada uno. La cabeza es la parte más importante del cuerpo (y así es el amanecer del día). El caballo, que es la parte del sacrificio, tiene que ser purificado; de ahí que la cabeza y otras partes de su cuerpo han de verse como determinadas divisiones de tiempo. Y se elevará al estado del Creador si se medita como tal. En otras palabras, el caballo se deificará en Prajāpati si en él se superponen las ideas del tiempo, mundos y deidades, pues Prajāpati los comprende. Es como convertir una imagen en Viṣṇu o cualquier otra deidad. Su ojo es el sol, porque está próximo a la cabeza como el sol está próximo al amanecer, o se levanta justamente después de él, y tiene el sol como su deidad. Su energía vital es el aire, porque el aliento es de la naturaleza de aire. Su boca abierta es el fuego llamado Vaiśvānara. La palabra Vaiśvānara es específica del fuego. La boca es fuego, porque esa es su deidad.

El cuerpo del caballo es el año que consiste en doce o trece meses. Aquí, la palabra ātman quiere decir el cuerpo. El año es el cuerpo de las divisiones del tiempo; y el cuerpo es llamado ātman, como lo vemos en el pasaje védico «Pues el ātman (tronco) es el centro de estos miembros» (Tai. A. II, 3, 5). La repetición de la frase «del caballo del sacrificio» pretende enseñar que debe relacionarse con todos los términos. Su espalda es el paraíso, porque ambos están en alto. Su tripa el cielo, porque ambos son huecos. Su pezuña la tierra: pājasya debería ser pādasya por la transmutación usual de letra, significando un apoyo para el pie. Sus lomos los cuatro puntos cardinales, pues están relacionados con los puntos cardinales. Se puede objetar que al ser dos los lomos y cuatro los puntos cardinales, es errónea la comparación. La respuesta es que teniendo en cuenta que la cabeza del caballo puede situarse en cualquier dirección, sus dos lados pueden fácilmente entrar en contacto con todos los puntos cardinales. Así está bien. Sus costillas los puntos cardinales intermedios como el sureste. Sus miembros las estaciones: estas últimas, siendo partes del año, son sus miembros, con lo que se resalta la similitud. Sus articulaciones los meses y quincenas, porque en ambos casos se trata de una unión (los segundos unen a las partes del año, al igual que hacen las articulaciones con las partes del cuerpo). Sus pies los días y noches. El plural en estos últimos pretende indicar que se refieren colectivamente a los que pertenecen a Prajāpati, a los dioses, a los antepasados y a los hombres2.

La deidad que representa al tiempo está erguida sobre los días y las noches, al igual que lo está el caballo sobre sus pies. Sus huesos las estrellas, pues las dos cosas son blancas. Su carne las nubes: la palabra empleada en el texto significaba el cielo, pero como a esto ya hemos hecho referencia al mencionar su tripa, aquí quiere decir las nubes que flotan en él. Son como la carne, porque derraman agua, al igual que la carne derrama la sangre. Su comida medio digerida en el estómago es la arena, porque en ambos casos son materias que consisten en partículas sueltas. Sus vasos sanguíneos los ríos, porque los dos fluyen. La palabra en el texto, al ser plural, aquí significa vasos sanguíneos. Su hígado y bazo las montañas, puesto que los dos son duros y elevados. Yakṛt y kloman son sendos músculos, debajo del corazón, a derecha e izquierda. La segunda de estas palabras, aun cuando siempre se emplee en plural, significa algo en singular. Sus pelos las hierbas y árboles: éstos, al ser plantas que son, respectivamente, pequeñas y grandes, deberían corresponder con los pelos cortos y los largos, según su disposición. Su parte delantera, a partir del ombligo, es el sol ascendente, hasta el mediodía. Su parte trasera el sol descendente (literalmente: «en descenso»), a partir del mediodía. La similitud consiste en que son en ambos casos las partes anterior y posterior, respectivamente. Su bostezo y el estriado y brusco movimiento de los miembros es el rayo, porque el uno abre las nubes, y el otro la boca. Su sacudida del cuerpo es el trueno: los dos son fenómenos que producen un ruido. Su orina, la lluvia, por la similaridad de su efecto humedecedor. Y su relincho es la voz o el sonido. Aquí no es necesaria la imaginación.

2. El recipiente de oro, llamado mahiman, situado delante del caballo y que lo señala es el día. Su fuente es el mar oriental. El recipiente de plata del mismo nombre, situado detrás del caballo y que lo señala, es la noche. Su fuente es el mar occidental. Estos dos recipientes aparecieron uno en cada lado del caballo. Como un corcel llevaba a los dioses, como un garañón a los trovadores celestiales, como un mensajero a los demonios, y como un caballo a los hombres. El Ser supremo es su establo y el Ser supremo (o el mar) su fuente.

Dos recipientes llamados mahiman, elaborados de oro y de plata respectivamente, se colocan delante y detrás del caballo. Esto es una meditación con respecto a ellos. El recipiente de oro es el día, porque los dos son brillantes. ¿Cómo es que el recipiente que va delante del caballo, que aparecía en él, es el día? Es porque el caballo es Prajāpati. Prajāpati, que se refiere al sol, quien está simbolizado por el recipiente que hemos de considerar como el día. Aquí la preposición anu no significa «después» sino que señala algo. Así, el sentido es que el recipiente de oro apareció señalando al caballo como Prajāpati, al igual que hablamos de que los rayos de la tormenta señalan el árbol. Su fuente, el lugar de origen del recipiente, es el mar oriental. Traducido literalmente, tendríamos «está en el mar occidental», pero la terminación locativa del sustantivo deberá cambiarse al nominativo para dar el sentido correcto. Igualmente, el recipiente de plata situado detrás del caballo, que aparece señalándolo, es la noche, porque ambos (rajata y rātri) empiezan con la misma sílaba (R), o porque ambos son inferiores al conjunto anterior. Su fuente es el mar occidental. Los recipientes se llaman mahiman, porque indican grandeza. Es glorioso para el caballo que en ambos lados tenga colocados sendos recipientes de oro y de plata. Estos dos recipientes, según se indica arriba, aparecieron uno en cada lado del caballo. Con la repetición de la frase glorificamos al caballo, como si dijéramos que por los motivos expuestos es un caballo maravilloso.

Las palabras «Como un corcel» (haya) provienen de la raíz hi, que significa «andar». Así, esta palabra tiene el significado de «algo que posee gran velocidad». O puede ser que se refiera a una especie de caballo. «Llevaba a los dioses», los hizo dioses, puesto que fue Prajāpati; o, literalmente, los llevaba. Podría insistirse en que este acto de llevar constituye algo como un reproche. Pero la respuesta consiste en que para un caballo es normal el acto de llevar algo, y por ello no es despectivo. Todo lo contrario, ya que el acto, el poner al caballo en contacto con los dioses, fue una elevación para él. De allí que la frase es un elogio. Del mismo modo, vājin y los demás términos se refieren a diferentes especies de caballo. Como un garañón (vājin) llevaba a los trovadores celestiales; al tratarse de una elipsis, es necesario intercalar palabras. Asimismo como un caballo mensajero (arvan) (llevaba) los Asuras, y como un caballo (aśva) (llevaba) los hombres. El Ser supremo, samudra aquí significa su establo, el lugar en donde permanece atado. Y el Ser supremo su fuente se refiere a la causa de su origen. De este modo, ha nacido de una fuente pura, y vive en un lugar puro. Es una alabanza para el caballo. O bien, samudra podría referirse al mar simplemente, puesto que dice el texto védico: «El caballo tiene su origen en el agua» (Tai. S. II, 3, 12).

NOTAS

1. Sílaba con la que suelen empezar algunos textos védicos. Se consideraba símbolo de la realidad manifestada en sus tres estados: el de vigilia (a), el de sueño con ensueños (u) y el de sueño profundo (m). Para ampliar este tema de los estados de conciencia que crean realidades ver Conciencia y realidad, de C. Martín, en esta misma editorial.

2. Un mes de los nuestros equivale a un día y una noche en el mundo de los manes. Un año de los nuestros equivale a un día y noche de los dioses; y en el mundo de éstos, veinticuatro millones de años equivale a un día y noche de Prajāpati, que es igual a dos kalpas o ciclos de los nuestros según nota de Mādhavānanda.

NOTA EDITORIAL DE TRABAJO

Se han eliminado artefactos de OCR, recompuesto palabras partidas y normalizado diacríticos sánscritos cuando la identificación era inequívoca. No se ha reescrito la traducción ni el comentario. En términos cuya lectura del escaneo era dudosa se ha evitado introducir correcciones filológicas no sustentadas por la edición.

Fuente: Consuelo Martín (ed.), Gran Upanisad del Bosque. Brihadaranyaka Upanisad con los comentarios advaita de Sankara, Trotta, 2002, pp. 31-34.